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“Errores más corrientes del peritaje escrito”

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Por Javier Urra y Blanca Vázquez

Como prometimos en ¿Cómo nació el sueño…? os mostramfile7581253227797os aquí un pequeño extracto de los contenidos del Máster Evaluación Psicologico-Forense y Penitenciaria. En este caso es una cuestión de gran relevancia y que afecta a todo psicólogo forense; en la medida en que nuestro trabajo profesional se valora muchas veces en función de la calidad del informe pericial que redactemos.

A lo largo de nuestros años de experiencia hemos observado que los errores que con mayor frecuencia se observan son los siguientes:

  • Sesgo confirmatorio. El perito, sin proponérselo, establece una hipótesis inicial y va sesgando toda su intervención, de manera que produce una entrevista y pasa una serie de técnicas encaminadas a probar esa hipótesis única. Desecha sistemáticamente toda la información que es incoherente con esa hipótesis inicial y no explora hipótesis alternativas. Esto sucede frecuentemente con víctimas de abuso sexual infantil.
  • Convertir la entrevista en un interrogatorio sin validez. Derivado del error anterior toda la entrevista del perito consiste en un interrogatorio sugerente, ofreciendo las respuestas al cliente, con preguntas cerradas múltiples y sugerentes y por tanto invalidando la información obtenida.
  • Hablar mucho. La mejor forma de obtener información válida consiste en saber escuchar, tanto en el campo forense como en otros campos de la actuación psicológica. A veces esto exige paciencia, tiempo y entrenamiento eficaz para poder acomodarnos a la persona que estamos entrevistando. Si el perito habla mucho, a veces con la intención de dar más confianza al interlocutor, éste puede sentirse desbordado e inhibirse.
  • Soportar los silencios, las pausas y el ritmo emocional de la persona entrevistada es básico para el diagnóstico pericial, y una de las labores más complicadas para el perito, sobre toso si se trata de niños. Sin embargo interrumpir los silencios o las dubitaciones restan validez a la información obtenida.
  • No crear el clima adecuado. No ser capaz de establecer una adecuada relación donde la persona se sienta adecuadamente escuchada y respetada desde la neutralidad y el compromiso personal con nuestra tarea pericial impide conseguir información válida.

  • Dar por buenas conclusiones de informes clínicos o de otro tipo. Asumir sin más las conclusiones derivadas de informes realizados en otros ámbitos y en momentos diferentes de la vida de las personas que estamos evaluando puede llevarnos a cometer errores graves de apreciación pericial, como ya se ha explicado más arriba en este módulo.
  • Utilizar técnicas inadecuadas por sugerentes. Cuando aplicamos una técnica en el ámbito forense tenemos que considerar las particularidades de la población forense donde las vamos a aplicar. No considerar la posibilidad de simulación dentro de una pericial, por ejemplo, y dar por buenos resultados de pruebas clínicas que ofrecen al cliente la respuesta como mera tarea de reconocimiento puede llevar al error o a invalidar la prueba pericial.
  • Posicionamiento/neutralidad. Este error sucede cuando por algún motivo personal atribuible a un perito éste se implica emocionalmente en el peritaje posicionándose a favor o en contra de una determinada persona, ya sea ésta víctima presunta o presunto agresor. Las personas a las que vamos a evaluar son perfectamente susceptibles a este fenómeno y alteraran las respuestas en función de lo anterior, evitando dar aquellas respuestas que sean inadecuadas a las expectativas del entrevistador y ocultando o simulando información o sintomatología de forma coherente con el posicionamiento del perito. Es probable que la intervención derivada no obtenga información suficiente para contestar a la demanda o bien que la conclusiones del informe puedan ser erróneas.
  • Efecto Barnum. Actitud del perito tan cautelosa y prudente que nunca le permitirá concluir nada, en función de las dudas que le surgen y en función del examen pormenorizado y contradictorio al que sabe va a ser sometido su informe. Al no concluir, el perito no es capaz de contestar a la pregunta o demanda y no sirve a la persona o Institución que lo ha solicitado, perdiendo su sentido pericial.
  • Peritaje blindado. Se trata de ese peritaje que no podemos someter a contradicción porque simplemente no sabemos cómo el psicólogo llegó a esas conclusiones. Se trata de informes donde aparecen expuestas una serie de técnicas, a continuación unos resultados, que ignoramos de dónde proceden, y por último se concluye en respuesta a la demanda. Son informes defensivos, (pretenden no poder ser contra informados por otro perito), o simplemente faltos de rigor metodológico, lo cual es una contravención de nuestro código ético que señalamos en el próximo capítulo.
  • No se estudia el expediente judicial. El perito no se estudia todos los elementos, por su orden que aparecen en el expediente, o lo hace muy superficialmente de manera que realiza o compone sus conclusiones soslayando información relevante.
  • No tiene en cuenta los efectos de la posible simulación. El perito actúa como si estuviera evaluando población general, sin tener en cuenta las especificidades que se derivan del propio hecho de estar siendo sometido a un procedimiento o judicial, por tanto, al no tener en cuenta esta posible variable extraña interpreta sus datos de forma errónea.
  • No contesta a la pregunta pericial. El perito pierde de vista la pregunta inicial o demanda y se enreda en un informe alejado del propósito que debería guiar su intervención. Ofrece mucha información, a veces la facilitada por las personas peritadas, pero no la información necesaria para contestar a lo que se le solicitaba.
  • Concluir sin pruebas (sesgo confirmatorio). Este fenómeno ocurre o es subsidiario del efecto sesgo. En realidad, si uno observa este tipo de informes, no existe fundamentación suficiente para concluir en el sentido que lo hace el perito, por insuficiencia de información o información contradictoria, pero el perito se equivoca porque no lo percibe, ya que está bajo el efecto “sesgo”.
  • Entrevistas excesivamente largas. Cuando se entrevista a una persona, más en este ámbito, es necesario realizar las pausas necesarias o realizar las exploraciones en varias sesiones. Un entrevista larga puede producir los efectos indeseados del cansancio, de manera que la persona quiera terminar cuanto antes y por lo tanto su disposición y colaboración sean escasa, aumentando la posibilidad de invalidar la información aportada.
  • No fundamentar las conclusiones. Se concluye, pero sin explicar la conexión entre los datos obtenidos y la conclusión, (conclusiones no fundamentadas que por lo tanto de nuevo nadie podrá discutir). Los datos no parecen ser relevantes, o no aparecen en el informe, o no se ofrece el razonamiento o nexo causal que se establece entre los datos y las conclusiones.
  • Hay quien en vez de realizar un informe pericial se encastilla en un escrito crítico y telegráfico. Mientras que otros, escriben una novela que a nadie interesa. Siendo que no son pocos los colegas, que no anticipan, que ese informe, un día habrá de ser defendido en el foro o ámbito judicial, siendo por tanto atacable desde técnicas de zisquinización.
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